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Parece que fue ayer cuando nos vimos por primera vez. Tú sonreías sutilmente con esa seguridad en ti misma que asustaba a la mayoría de chicos de nuestra edad y yo miraba por el rabillo del ojo a la chica mona de tres filas más allá. Después nos conocimos, nos hicimos amigos, nos enamoramos y el resto es historia…

Ha llovido mucho desde entonces, 17 años de lluvia que se dice pronto. Hemos pasado por momentos complicados y por momentos preciosos, creo que está claro que los segundos superan con creces a los primeros aunque a veces se nos olvide y no hagamos más que rebuscar las cosas malas del otro. No te rías que sabes que es verdad.

El otro día viendo una peli chorra de las que ponen el sábado por la noche, en una terapia de pareja, el psicólogo preguntaba a los tortolitos qué era lo que más les gustaba al uno del otro y lo que menos. Es curioso, sería una pregunta muy difícil de responder porque estoy casi seguro de que lo que más me gusta es justamente lo que no soporto: Esa manera de tomártelo todo a la ligera y a la vez sacar las cosas de quicio; esa organización tuya en el caos; esa dependencia independiente; ese optimismo en los malos momentos y el saber estar en los buenos; esa fuerza que intentas camuflar cada día entre tus dudas; ese desequilibrio equilibrado; ese buen humor vestido de sonrisa eterna; ese decir que no y hacer justo lo contrario o ese decir que sí a regañadientes para acabar haciendo otra cosa; esa decidida vacilación capaz de cambiar los planes en un segundo; esa insolencia, rebelde por fuera y dócil por dentro; esa inocencia que sólo unos pocos no han perdido a tu edad; esa humildad disfrazada de indecisión; ese inconformismo de serie; ese altruismo que dices no tener; esa vergüenza descarada; esa ternura; esa Torre Eiffel; esa hucha de lata de cada año; ese asiento de atrás; ese sofá del Dickens; ese saber vivir con veinte duros; ese cigarro a medias; ese hoy por ti, mañana por mí; esas escapadas de casa rural; esos kilómetros en coche hablando de nada y de todo; esa capacidad para complicarnos la vida; esa ilusión por cualquier cosa; ese miedo a lo desconocido; esas noches en vela… Podría seguir pero supongo que ya me ha quedado un párrafo demasiado largo.

¿Recuerdas cómo pensabas que sería el futuro hace 17 años? Puede que no de este modo. Seguramente nos imaginábamos con más dinero, con otros trabajos y viviendo en otro lugar, viajando por el mundo, hoy aquí y mañana allí. Nada que ver con la realidad :-). O sí, porque en ese futuro idílico de adolescentes estábamos juntos, y eso se ha cumplido. ¿Sabes qué? Pienso en los mejores momentos de mi vida y siempre has estado en ellos, pienso en qué más necesito para ser feliz y la respuesta es nada. Me pregunto cuánta gente puede decir eso y me siento muy afortunado. Lo soy.

Hoy hace ocho años que nos casamos. Si te digo la verdad, no le doy especial importancia. Ya estábamos casados antes, bastante antes de aquel siete de julio, pero supongo que las personas somos así y necesitamos marcar una fecha en el calendario para todo lo que nos sucede, como si por no marcarla dejase de ocurrir. Somos mucho más que estos últimos ocho años aunque en estos ocho años hemos vivido situaciones maravillosas. Supongo que lo más grande que nos ha pasado son nuestras dos pequeñas, verlas crecer, tan diferentes pese a compartirlo todo, inocentes, buenas y cariñosas. No sé cómo serán en el futuro pero me encantaría que fueran como tú, estaría muy orgulloso de que así fuese.

Sé que no soy fácil de aguantar a veces. No soy un mal tipo pero sí un poco obstinado, me cuesta agachar la cabeza y reconocer mis errores y, aunque no me importe escribir tonterías, pierdo bastante expresividad en el cara a cara y me guardo demasiadas cosas solo para mí. Tiene mérito estar a mi lado todos los días. Gracias por estar siempre ahí para todo, sé que suena un poco a tópico pero es verdad. Espero que dentro de otros 17 añitos, cuando nuestras pequeñas ya no sean tan pequeñas, nosotros sigamos como ahora y mirando atrás podamos decir que hemos sido felices, que es lo más bonito que le puede pasar a alguien.

Un beso mi amor.

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