Carta abierta a Mariano Rajoy

Carta abierta a Mariano Rajoy
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Estimado Sr. Presidente:

En el año 2010, el anterior gobierno, que se suponía socialista, rebajó el salario a los funcionarios docentes gallegos — y a los demás, pero me voy a centrar en lo que me incumbe directamente — un 7%, lo que más o menos equivale a una mensualidad. Treinta días de nuestras vidas regalados al erario público por el bien de todos los españoles, para salvarnos del rescate.

En el año 2012, ya bajo su mandato, se suprimió una de las pagas extraordinarias de la noche a la mañana, lo que no hace mucho implicó que la justicia les obligase a devolver una parte. Esa paga extra, pese a ser recuperada por los funcionarios que dependen de la administración central, aún no ha vuelo a pagarse a los funcionarios gallegos a los que, la Xunta – bajo el control del PP, dicho sea de paso – continúa expoliando.

Dos mensualidades, 60 días de trabajo gratuito destinado una vez más a la salvación de este estado de bienestar cada vez más masacrado. A eso, muy a mi pesar, tenemos que añadirle una congelación salarial a la que nos hemos visto sometidos durante los últimos 5 años – Siendo generosos y olvidando la época anterior – A groso modo, hemos perdido más de un 20% de poder adquisitivo. Eso significa que 1 de cada 5 días de trabajo es gratis y vuelvo a olvidar el incremento de jornada laboral en este cálculo.

Ahora viene usted a decirme que me va a devolver el 75% de aquella paga extra de 2012 ya que los funcionarios nos merecemos un detalle por el esfuerzo realizado. Las tres cuartas partes de una paga mensual, cuando hemos perdido ocho y seguimos perdiendo dos al año sin que haya puesto usted una venda para cortar ese sangrado.

¿Recuerda usted cuando su gobierno suprimió los “moscosos y canosos” acusando a sus funcionarios de gozar de unos privilegios propios de la nobleza? ¿Recuerda usted cuando en esas acusaciones olvidaba mencionar que esos días libres se otorgaron a cambio de congelaciones salariales durante dos décadas? ¿Recuerda usted que “se le pasó” comentar que no todos los funcionarios públicos tenían derecho a ellos? (los docentes no los tenemos, por ejemplo) Yo sí lo recuerdo, no se me ha olvidado.

Yo no quiero limosnas Sr. Presidente, la cantidad que usted pretende reintegrar no representa ni la décima parte de lo que nos han quitado en los últimos 5 años. No me venga usted con cuentos chinos y no pretenda vendernos esto como un favor, un gesto a los empleados públicos tan castigados por la crisis obviando que en otoño tocan elecciones generales. Veo bajo su decisión, una clara intención manipuladora. Pretende colarnos como un regalo aquello que es nuestro por derecho y quiere que le demos las gracias depositando en una urna una papeleta con el logo de su partido. Pues no cuente usted conmigo Sr. Presidente, ni conmigo ni con los miles de empleados públicos que están cansados de sentirse ninguneados por los que, como usted, piensan que no nos enteramos de nada y que se nos puede comprar con “pequeños gestos” que no tienen ningún valor.

Si quiere usted tener un detalle con sus funcionarios, establezca un calendario para recuperar ese 20% de pérdida salarial y cúmplalo. Cúmplalo y obligue a los gobiernos autonómicos a que lo cumplan porque de poco valdría que un organismo asignase una partida en los presupuestos si el intermediario se guarda el dinero para otros menesteres, como sucede en Galicia con la paga extra de los funcionarios autonómicos. Si quiere recuperar la confianza de sus empleados públicos, empiece por hacerles recuperar el prestigio social que su gobierno les hizo perder con sus falsas acusaciones.

Y no sea usted demagogo ni populista, ahora que están tan de moda esas palabras. Nunca me he negado a hacer un esfuerzo por el bien común, puedo llegar a entender que una situación desesperada exige medidas desesperadas. Lo que no admito es un cheque en blanco, una pérdida de derechos sin fecha de caducidad a la que usted y su predecesor nos han condenado.

Déjese de historias y deje de vender humo que no engaña usted a nadie. No confío en usted ni en su gobierno. No quiero ver su cara en una pantalla de plasma perdonándome la vida y dejando caer unas monedas en mi sombrero mientras mira a otra parte y se tapa la nariz. Quiero lo que es mío, ni más ni menos. Pare usted la hemorragia y después ya hablaremos de una transfusión.

Un cordial saludo.

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