Principia Mathematica

Principia Mathematica
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Un axioma es una proposición que se acepta sin demostración previa. A los matemáticos no nos gustan los axiomas. En general, no nos gusta nada que no sea deducible de forma lógica de otras cosas. Hasta a aquello que suponemos le ponemos un nombre raro como axioma o hipótesis.

El problema es que la teoría matemática se fundamenta en axiomas y tenemos que vivir con ellos. Miramos a otro lado y fingimos que no están ahí para no contaminar nuestra idea ordenada del cosmos, como cuando en una cena de empresa te toca sentarte al lado de ese compañero plasta que se pasa la comida lanzando migas de pan y hablando de sí mismo. Pero la realidad es que siguen ahí, como tu compañero, y tenemos que vivir ignorándolos todo el tiempo.

Los matemáticos somos gente rara. Por raros no quiero decir que seamos malos, que no lo somos, sino más bien me refiero al raro entendido como poco común, que escasea. Sé que podría haber utilizado algún adjetivo más elegante, no sé… Originales, excepcionales, insólitos, tal vez especiales… Pero, por desgracia, creo que raros encaja más con una percepción realista de las cosas.

Nos perdemos en razonamientos absurdos que no llevan a ninguna parte. Al entrar en una habitación, comprobamos si los extremos de las baldosas están correctamente alineados con la pared, no decimos nada pero lo hacemos. Comprobamos si cualquier secuencia numérica tiene un orden lógico, aunque sean los números de la primitiva y nos encanta inferir formulas abstractas a partir de cualquier cosa. Aunque no sirva para nada, lo nuestro es tratar de abstraer cualquier resultado lo máximo posible, por si pudiera aplicarse en algún otro campo.

Adoramos la armonía, las rectas paralelas, los polígonos regulares y los números primos. Detestamos las aproximaciones “a ojo”. De hecho, “a ojo” no forma parte de nuestro vocabulario y creemos que no debería formar parte del vocabulario de nadie. Somos fanáticos de la perfección y de la simplicidad. Lo breve nos parece elegante, lo redundante sobra y carece de sentido. Nos gusta entender lo que sucede y, sobre todo, nos emociona ver que las cosas funcionan por algún motivo. Porque todo tiene algún motivo, nada es porque sí (Excepto los axiomas, pero a esos los ignoramos)

Por eso nos gustan la computación, la repostería y la filosofía y no comprendemos todo lo que no se comporte siempre del mismo modo como la medicina o la fisiología. Hacemos chistes que nadie comprende y no nos reímos de las mismas cosas que los demás porque, aunque nos cueste admitirlo, lo que carece de lógica no nos hace gracia.

Somos vagos. Si podemos escribir dos letras, no escribiremos tres. Hasta tenemos un lenguaje de símbolos para evitar escribir palabras. Está claro que esa obsesión por simplificarlo todo no puede venir de otro sitio que no sea la más egregia de las perezas.

Somos organizados hasta la médula, nada puede escapar a nuestra planificación obsesiva porque lo deducimos todo y todo lo deducido ES, sin matices. Por eso, a veces, no entendemos el mundo ni a las personas, que tienen comportamientos erráticos que no pueden explicarse de forma numérica.

Somos ordenados aunque no lo parezca, siempre hay un orden lógico en nuestro caos. Encontraríamos un clip debajo de una montaña de papeles porque acumulamos datos sin sentido con el objetivo de usarlos alguna vez para algo. Por esta razón, olvidamos cosas “intrascendentes” como recoger a nuestros hijos en el colegio o ponernos dos zapatos del mismo par.

Nos irrita lo superficial y nuestro aspecto es desaliñado. Salvo el de los especialistas en estadística, pero esos no cuentan. ¿No os ha hecho gracia verdad? ¿Entendéis lo que digo?

Es normal que la gente no nos comprenda. Las matemáticas no se explican, se viven. No son una ciencia, son arte. No son complicadas, son bellas. No son aburridas, son mágicas. No son impredecibles y al mismo tiempo están llenas de sorpresas. No son nada y lo son todo. Son simplemente perfectas.

3 comentarios en “Principia Mathematica

  1. Hey, felicitarte por tus magníficas reflexiones que comparto 100% y que hago extensivas a los matematicófilos ya que, según mi perspectiva, el saber es uno y las vías para lograrlo son muchas. También puede ser heterodoxo -por ejemplo, Pierre de Fermat era abogado- y en la medida que el que escucha música, poco a poco, se vuelve músico, el que disfruta con las matemáticas, y las estudia, poco a poco tiende a adquirir ese sistema de referencia y belleza que otorga el no ser anuméricos. Coincido plenamente en que no es ciencia, es lenguaje, y como tal susceptible de convertirse en arte, como la prosa y la literatura que salen del uso elegante de la lengua… cómo si no, tendemos a aplicar ese criterio estético a una dedución lógica, a un teorema, a una demostración, para poner el calificativo “me gusta”? o el visto bueno? . A mí, en el fondo, siempre me fascinó ese salto fuera del sistema formal en el que nos movemos, para apreciar nuestra dedución con criterios estéticos y juzgarlo válido o no, esa búsqueda de lo estético en los modelos y representaciones mentales de lo que imaginamos (Platón) o de lo que vemos. Quizá de ahí viene el anhelo de creer que por las matemáticas llegamos a Dios, ya que el descubrimiento matemático es una realidad que existía previamente a nuestra indagación, o es nuestra indagación la que elucida su existencia?…. bueno, también me lío. Reiterarte mi más sincera felicitación por tan “bellas” reflexiones acerca del arte matemático y de sus artistas.

    1. Hay muchas mentes matemáticas que lo son sin siquiera saberlo. Algunas de ellas incluso serían capaces de afirmar que odian las mates, que siempre les han resultado aburridas. Estoy convencido de que se debe a que identifican matemáticas con cálculo numérico sin más… Si supieran lo aburridas que nos resultan las cuentas a los matemáticos!

      Un abrazo 😉

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