RubénAS: Muerte y resurrección. Parte I.

RubénAS: Muerte y resurrección. Parte I.
5 4 votos

Bueno, parece que ya ha pasado un año y toca seguir escribiendo mi historia como atleta de la élite percherona. Sí, ya sé que había prometido escribirla antes pero no me crucifiquéis, Rajoy también os ha prometido muchas cosas que no ha cumplido y le vais a votar otra vez…

Al tema:

Mi segunda temporada había sido muy buena y la tercera no podía defraudar. Tenía tres objetivos claros:

  • Bajar de 1h23 en la media de Pontevedra a finales de octubre.
  • Bajar de 37’ en los 10Km de Porriño en febrero.
  • Bajar de 5’ en la milla de Padrón en el mes de mayo.

Con mi amplia experiencia adquirida durante la temporada pasada, planifiqué un entrenamiento que comenzaría en el mes de junio, con mucho gimnasio y poca carrera, y se iría adaptando hasta poder realizar series en septiembre con la idea de llegar rápido al primer objetivo.

Comencé compitiendo en Ames, para comparar cuánto había perdido con respecto a la exitosa milla de Padrón y el resultado no fue malo del todo. A la semana corrí en Maceda la prueba popular de 5km en ruta con sensaciones normalillas y a finales de julio volvía a correr en A Ponte más rápido que nunca, mejorando en 1’ la marca del año anterior en los poco más de 5km de recorrido.

Estaba crecidísimo, mi futuro atlético iba viento en popa y lo único que podía pasar es que los objetivos planteados se quedasen cortos para un tío como yo, capaz de machacar cronos sin piedad de un año para otro.

A finales de agosto nació Alicia, mi segunda princesita y, aunque se portaba mejor que Candela para dormir, las noches volvieron a complicarse bastante. Sin embargo, sólo faltaban dos meses para Pontevedra y yo no iba a rendirme.

En septiembre tocaba empezar con series. El hecho de dormir poco, de encontrarme cansado, de que los rodajes se me hicieran muy largos y de que los tiempos en las series no acabasen de salir bien no me hicieron modificar nada… ¿Tocaban 10×1000? Pues 10×1000. Creo que hasta la etiqueta de Anís del Mono hubiera sido demasiado para mí en este momento.

Total, que, a finales de septiembre, corriendo un relevo de la Maratón do Miño, me lesioné. Así sin más… Algo que no me había pasado nunca antes, en ningún momento de mi vida, en ningún deporte, en ninguna zona del cuerpo… Pinchazo leve en el talón izquierdo y un “Paro que me duele”, seguido de un “Seguro que se me pasa ahora mismo” para continuar con un “Pues parece que no se pasa” y acabar la carrera cojeando.

Al llegar a casa me fui directo a la consulta del Dr. Google y el diagnóstico no parecía muy halagüeño… Y como no lo parecía, decidí que Google estaba equivocado y que, seguramente, se me pasaría descansando un par de días.

Pero no se me pasó, ni en un par de días ni en una semana, ni en dos. Pontevedra a menos de 15 días ¡y yo con estos pelos!. Como tengo mucha confianza en mí mismo pero tampoco soy idiota, pensé que lo mejor sería consultarlo con un profesional. No fuera a ser que arruinase mi prometedora carrera deportiva por hacer el ganso por las calles de la ciudad del Lérez. El diagnóstico fue claro: “Tienes una tendinitis de Aquiles, sin más.”, parece que el Dr. Google no iba tan desencaminado…

Después de esa frase vienen unos segundos cruciales. No son más de veinte, pero parecen una eternidad. Quieres hacer la pregunta clave, pero no te atreves. Y no te atreves porque si la respuesta no te satisface ya no habrá vuelta atrás. Si no preguntas nada siempre puedes irte con la duda de qué habría dicho y actuar como te plazca puesto que “no te ha dicho nada”, pero como abras la boca tendrás que hacer caso a sus indicaciones porque ¿Para qué has venido entonces?… Total, que, me armo de valor y ahí va: “Y… ¿Puedo seguir corriendo?” Tic, tac, tic, tac… Esa cara no me gusta… ¿Por qué mira de reojo? ¿Me va a decir que no vuelva a correr en mi vida?… y lo dice: “¡Claro!, ponte unas alzas para que el tendón no sufra tanto y si dentro de un mes te duele, lo infiltramos y listo. No vas a parar de correr por eso”

Si lo había dicho un traumatólogo y además era justo lo que yo quería oír, ¿Quién era yo para discutirlo por muchos foros y artículos que hubiera leído en internet? Nada más salir, paré en una ortopedia y me compré unas alzas de silicona confiando en que me permitiesen soñar con lograr mi objetivo en la media.

Pero una cosa es querer que algo suceda y creer que va a suceder, y otra bien distinta es que suceda realmente. (¡Al carajo todas las frases de autoayuda! Alguien debería decirle la verdad a todos los que creen en ellas). Intenté entrenar con normalidad, pero las molestias no me dejaban y a dos días de la gran cita estuve a punto de no ir. Y más aún después de que la tarde anterior me doliese más que nunca. Pero Paulo Coelho me decía “Vamos Rubén, puedes conseguir lo que te propongas, sal ahí y demuestra que vales esa marca” y yo no podía decirle que no a un tío con perilla que me hablaba con acento portugués, escribía unos bodrios peores que los míos y además los vendía como churros…

En fin, que me planté en la salida diciendo que si me dolía me iba a parar, pero sabiendo que no me pararía salvo que tuviese que correr a la pata coja y corrí los 21097m en poco más de 1h25 que para llevar un mes sin entrenar casi nada, no estaba nada mal, pero de cumplir el pronóstico nada de nada. Y me fui cabreado, decepcionado y hasta diría que un poco triste para casa, pero no pensando que había sido un idiota al tomar la salida sino creyendo que bien podía haberme esforzado un poco más durante ese último mes para no haber bajado tanto de forma.

Y seguí “entrenando”. Lo entrecomillo porque es una forma de hablar ya que un día mínimamente normal requería dos más de descanso para poder trotar suave al tercero. Aunque había leído un montón de cosas negativas de las infiltraciones en el tendón de Aquiles y la confianza en aquel traumatólogo había descendido muchos puntos, volví a pedir cita con él para una segunda revisión al tiempo que me apuntaba en la San Martiño. Aun así, por si las moscas, pedí cita con otro trauma diferente para tener otra opinión.

Después de sufrir más que Falete en una convención vegana, terminé los 10Km en algo más de 38 minutos y mi paciencia dijo basta. Llevaba dos meses entrenando con dolor, sufriendo como el que más todos los días y lo único que conseguía era ir a peor… Había que parar, recuperarse bien y volver a dar guerra cuanto antes. Supongo que tendría que haberlo decidido al principio de todo, pero eso es fácil de decir a posteriori desde la experiencia. De entrada, uno nunca piensa que las cosas pueden irle mal. No importa, ahora estaba dispuesto a poner todo de mi parte para curarme cuanto antes y así sería… ¿O no?

Continuará…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.